¿Será que es el fin de los Cabaret?

¿Será que es el fin de los Cabaret?

Hurgando en la historia urbana, pasada y reciente encontramos como parte de la cultura nocturna a los Cabaret, esos lugares sombríos, donde abundan los decorados eróticos y con motivos llamativos. Algunos con relieves que ahora solo son huellas en las paredes, figuras sin sentido para una nueva visión del mundo.

Bares con nombres exóticos como sacados de un libro de hechizos o amarres, donde todo es etéreo, efímero, surrealista, pero mortal. Lugares como estos en algún punto de la historia fueron el corazón de la vida nocturna de las grandes ciudades, movidos por deseos carnales indomables, pero que el tiempo ha devorado hasta dejarlos moribundos.

La época de oro

La época de más auge de estos locales se vivió hacia las primeras décadas del siglo XX, aproximadamente entre 1930 y 1940, como la antítesis a una cultura invadida de catolicismo, que se veía invadida y profanado por las ideas liberales que pregonaba dichos sitios.

Hasta el personaje menos pensado sucumbia ante la presencia de ese halo encantador que emanaba de un cabaret, artistas, celebridades, políticos, y hasta el ciudadano de a pie, sucumbia ante tal atracción. Atractivas chicas impregnaban el ambiente con sus bailes insinuante cargados de licor.

Los que allí trabajaron otrora, se pudieron hacer de un futuro con el dinero que podían obtener trabajando en estos bares, donde con suerte un romance podría atraparte.

La nueva Era

Con el tiempo, mucho se ha perdido, nuevas ideas, nuevas visiones han reemplazado esa vida por bares desnudistas al mejor estilo estadounidense, donde las chicas se fabrican una figura con la que al ritmo exponen sus atributos al son de la música, y unos veinte dólares son un buen inicio.

De estos cambios se quejan algunos, sobretodo los que sí vivieron el auge de lo natural, y que lo más artificial que tenían era quizás una permanente. La nueva generación oza bailar desnuda, cosa que aún bajo los efectos del alcohol no se estilaba otrora.

De allí nacieron las ficheras

Un término muy común era llamar a las chicas que trabajaban en este ambiente: ficheras, y eso era normal pues ellas cobraban uno o dos dólares por medio de fichas por cada uno de sus bailes, que al culminar eran canjeadas por dinero. En estos locales, sólo los mejores músicos tenían cabida.

Ya ni fichas quedan, y mucho menos bailarinas de este tipo. Los locales se han ido desvaneciendo con el tiempo, y con la invasión tecnológica con la que ya nada nos asombra o atrapa.

De los más de 50 bares de ficheras que hubo en el Distrito Federal a mediados del siglo XX quedan apenas media docena. Hace poco cerró sus puertas Bombay, done el presidente mexicano Adolfo López Mateos, el pintor José Luis Cuevas y el Che Guevara habrían bailado algunas piezas.

El fenómeno era tan popular que en los años 70 se hicieron muchas películas enfocadas en las ficheras.

Son una reliquia de otra era en la historia del placer en la ciudad de México, comenta el historiador local Armando Aguilar, quien ofrece visitas guiadas a las cantinas y los centros nocturnos de la capital. Tanto las table dance como las ficheras explotan el sexo y hay un trasfondo sórdido en lo que hacen. Pero con las ficheras había una expectativa de romance, baile y conversación.